Pero no hoy, ni ayer, y previsiblemente, tampoco mañana. Tampoco volarán los autobuses, ni los taxis. Bueno, los taxis sí que volarán, pero porque no habrá prácticamente ninguno libre. Que conste que estoy de acuerdo en que la huelga es un derecho que conviene ejercer de vez en cuando, pero equilibrando el derecho a la protesta del trabajador con la necesidad del resto de la comunidad. Y más cuando se trata de servicios esenciales.
El caso es que han conseguido su objetivo: colapsar Madrid, y como efecto colateral, cabrear a sus ‘sufridores’, y de paso, a los turistas. Y todo para nada. Vamos, que aquellos a los que querían presionar dudo que hayan montado en Metro alguna vez –más allá de inauguraciones y actos de elevado postín- y sigue siendo el ciudadano de a pie el que siempre paga los platos rotos.
Supongo que piso la demagogia cuando pienso que el malestar que les provoca a los trabajadores de Madrid la rebaja de su sueldo es una nimiedad si se tienen en cuenta a los cerca de 4,7 millones de parados que esta maldita crisis se ha llevado por delante. Pero admito que hacen bien en exigir que se cumpla lo acordado por la Comunidad de Madrid la patronal y sus representantes. Pero también les pido, les ruego más bien, que midan sus actos, que incumplir los servicios mínimos va en contra de sus intereses, y sobre todo, pone a los usuarios de este servicio, en su contra. Por su respuesta desproporcionada e injustificada.
martes, 29 de junio de 2010
jueves, 11 de marzo de 2010
Conspiranoica perdida
Puede que sea consecuencia de la fiebre y de la gastroenteritis, pero de un tiempo a esta parte parece que las culpables de todos los males del mundo son las cajas de ahorros...
A punto de cumplirse un año de la intervención de Caja Castilla-La Mancha (CCM) por el Banco de España para garantizar su estabilidad y solvencia, el sector financiero ha puesto sus miras en las entidades de ahorros como las causantes del colapso del crédito en España, del estallido de la burbuja inmobiliaria, de la crisis de las instituciones políticas, del asesinato de Kennedy, de que a Penélope Cruz le 'arrebataran' el Oscar, y sí, ¿por qué no? de la muerte de Manolete.
Puede que siguiendo en la senda de la teoría de la conspiración vigente (y que tanto me gusta) añada que las cajas, incluso, son las culpables del virus que me ha hecho la semana imposible... Pero no. No lo voy a hacer.
A pesar de que las cajas de ahorros no son santos de mi devoción, por su componente político, el sector ha de reconocer el papel que han tenido en la bancarización del país.
Tiempo atrás, cuando en España pedir una hipoteca era algo casi tan marciano como un libro de Isaac Asimov, las cajas de ahorros abrieron el mercado, permitiendo el acceso a la vivienda de una gran parte de la población. Y otro ejemplo. Tras la quiebra de la banca industrial hará ya la friolera de 30 años, las cajas de ahorros comenzaron a tomar su relevo, constituyendo carteras industriales que, bien gestionadas, han permitido el desarrollo del tejido industrial en la práctica totalidad de las comunidades autónomas.
Pero ahora son un molesto compañero de viaje. ¿Para quién? Para los bancos, que tan bien lo han hecho en estos años de vacas flacas financieras. Esos que pueden dar lecciones de banca comercial, cercana al cliente, en organismos internacionales. Esos, que se olvidan de un detalle, que ese modelo de banca universal, cercano al cliente, se lo deben, en buena parte, a las cajas de ahorros.
A punto de cumplirse un año de la intervención de Caja Castilla-La Mancha (CCM) por el Banco de España para garantizar su estabilidad y solvencia, el sector financiero ha puesto sus miras en las entidades de ahorros como las causantes del colapso del crédito en España, del estallido de la burbuja inmobiliaria, de la crisis de las instituciones políticas, del asesinato de Kennedy, de que a Penélope Cruz le 'arrebataran' el Oscar, y sí, ¿por qué no? de la muerte de Manolete.
Puede que siguiendo en la senda de la teoría de la conspiración vigente (y que tanto me gusta) añada que las cajas, incluso, son las culpables del virus que me ha hecho la semana imposible... Pero no. No lo voy a hacer.
A pesar de que las cajas de ahorros no son santos de mi devoción, por su componente político, el sector ha de reconocer el papel que han tenido en la bancarización del país.
Tiempo atrás, cuando en España pedir una hipoteca era algo casi tan marciano como un libro de Isaac Asimov, las cajas de ahorros abrieron el mercado, permitiendo el acceso a la vivienda de una gran parte de la población. Y otro ejemplo. Tras la quiebra de la banca industrial hará ya la friolera de 30 años, las cajas de ahorros comenzaron a tomar su relevo, constituyendo carteras industriales que, bien gestionadas, han permitido el desarrollo del tejido industrial en la práctica totalidad de las comunidades autónomas.
Pero ahora son un molesto compañero de viaje. ¿Para quién? Para los bancos, que tan bien lo han hecho en estos años de vacas flacas financieras. Esos que pueden dar lecciones de banca comercial, cercana al cliente, en organismos internacionales. Esos, que se olvidan de un detalle, que ese modelo de banca universal, cercano al cliente, se lo deben, en buena parte, a las cajas de ahorros.
martes, 23 de febrero de 2010
Con cajas y a lo loco...
Hay días en los que es mejor no levantarse de la cama... Entre la lluvia, el frío, el viento y el tráfico imposible de Madrid, lo más granado del sistema financiero está reunido en un céntrico hotel para hacer un repaso del estado en que se encuentra la tan necesaria redefinición del sistema financiero.
A grandes rasgos, y simplificando demasiado la complejidad de este proceso, estamos de nuevo ante el eterno debate de si es conveniente que se mantenga el régimen jurídico de las cajas de ahorros tal y como se ha mantenido a lo largo del tiempo. A su favor, las entidades de ahorro han favorecido el desarrollo económico de las zonas rurales, y tomaron las riendas de la banca industrial. Además, democratizaron el acceso al crédito, sobre todo al hipotecario. En su contra, y bajo mi punto de vista, su mayor problema es su excesiva vinculación a las fuerzas políticas. Las mismas que acapararon el poder en los consejos de administración de las entidades y embarcaron a muchas cajas de ahorros en proyectos imposibles que han terminado por socavar su solvencia.
Y como de estos polvos vienen estos lodos, ahora, cuando la coyuntura no acompaña y comienza a hacer daño el exceso de alegría con el que se concedieron créditos en los años de vacas gordas, nadie quiere asumir la responsabilidad ni tomar medidas drásticas, porque no quieren desprenderse de su cuota de poder en las cajas de ahorros.
Incluso los proyectos de fusión que parecían más consolidados están ahora pendientes de un hilo, o de la reforma de ley de cajas regional de turno… Un contexto que necesita, como ha pedido el gobernador del Banco de España hace unas horas, la responsabilidad de todos los implicados para acelerar el proceso. El tiempo corre, y el FROB, la falsa panacea de la reforma financiera, caduca en junio.
Mientras tanto, los bancos miran de reojo los procesos para ver si pueden arañar cuota de mercado vía traspaso de clientes o haciéndose con las redes de oficinas que las cajas se vean obligadas a vender.
A grandes rasgos, y simplificando demasiado la complejidad de este proceso, estamos de nuevo ante el eterno debate de si es conveniente que se mantenga el régimen jurídico de las cajas de ahorros tal y como se ha mantenido a lo largo del tiempo. A su favor, las entidades de ahorro han favorecido el desarrollo económico de las zonas rurales, y tomaron las riendas de la banca industrial. Además, democratizaron el acceso al crédito, sobre todo al hipotecario. En su contra, y bajo mi punto de vista, su mayor problema es su excesiva vinculación a las fuerzas políticas. Las mismas que acapararon el poder en los consejos de administración de las entidades y embarcaron a muchas cajas de ahorros en proyectos imposibles que han terminado por socavar su solvencia.
Y como de estos polvos vienen estos lodos, ahora, cuando la coyuntura no acompaña y comienza a hacer daño el exceso de alegría con el que se concedieron créditos en los años de vacas gordas, nadie quiere asumir la responsabilidad ni tomar medidas drásticas, porque no quieren desprenderse de su cuota de poder en las cajas de ahorros.
Incluso los proyectos de fusión que parecían más consolidados están ahora pendientes de un hilo, o de la reforma de ley de cajas regional de turno… Un contexto que necesita, como ha pedido el gobernador del Banco de España hace unas horas, la responsabilidad de todos los implicados para acelerar el proceso. El tiempo corre, y el FROB, la falsa panacea de la reforma financiera, caduca en junio.
Mientras tanto, los bancos miran de reojo los procesos para ver si pueden arañar cuota de mercado vía traspaso de clientes o haciéndose con las redes de oficinas que las cajas se vean obligadas a vender.
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